MUJERES EN LA CIENCIA FICCIÓN MEXICANA: BLANCA, MARTHA, BRENDA Y OTRAS MÁS

Lilia Granillo Vázquez
Isaí Mejía Villareal
UAM Azcapotzalco, México

Resumen: Cierta tendencia -en inglés- considera que la Ciencia Ficción escrita en español carece de creatividad y conocimiento científico—tecnológico: “nomenclatura confusa y a exégesis que abusa de imaginarios y narrativa fantástica”. Para rebatir tal visión dogmática y estrecha, esta investigación revela, desde la teoría de la recepción, la trascendencia de la escritura de mujeres en la Ciencia Ficción mexicana y da cuenta del horizonte de expectativas en el ambiente literario.

Palabras claves: Ciencia Ficción, Escritoras, Estudios culturales, Literatura mexicana.

Abstract: Scholars -in English- consider that Science Fiction in Spanish lacks creativity and Techno–scientifical knowledge. That leads to “the mislabeling of science fiction artifacts and the confusion with fantastic narratives and imaginaries… and exegesis”. Against such dogmatic and narrow view, evidence in this paper from the Reception Theory, accounts for the Expectation Reading Horizon and reveals the literary transcendency of women writers in Mexican ScF.

Key Words: Science Fiction, Women Writers, Cultural Studies, Mexican Literature.

Pero en su misma esencia, la ciencia ficción se define en razón de los conceptos de ciencia, futuro y cambio. Y en este siglo XXI de intensos cambios científicos y tecnológicos, en que aparecen los Estudios Prospectivos, parece cuestión de lógica el reconocer en la ciencia ficción, ese cariz común con las ciencias nuevas que investigan el futuro (Martínez, 2002: 64).

blanca Mart y la voluntad de escribir

Desde el espaciopuerto de Thara, cercano a Venus, una mujer se dispone a viajar en su nave biplaza. Acaba de cerrar el negocio con Dhon Sheley, quien la contrató para conseguir agua venusina. La focalización interna del relato nos explica “… mejor que los elixires medievales de la Tierra Antigua. Convenientemente tratada en Tierra prolonga la vida en una relativa juventud por unos doscientos años” (Martínez, 1998: 36). Cuando la personaja -vocablo de Brianda Domecq, morfología feminista- se encuentra con Al Braker, un viejo amigo al que no ve hace tres años, pero que ahora -metalepsis-necesita: “… buen tirador, y si de paso es piloto espacial…” (Martínez, 1998: 29). Braker la saluda llamándola “la última amazona”. Ella lo corrige, pues es sólo “una dama firmando un contrato”; acto seguido, ignora el tono melancólico masculino de un “Siempre quise casarme contigo.” Eso sí, le aclara al lector o lectora -otra metalepsis-: “Hay que explicar que él consideraba un elogio dicho comentario”. Recela cuando Al habla de su desaparición, y de nuevo, empieza una focalización interna. La narración nos lleva a una mimesis, que en realidad es diégesis, que salta al discurso transpuesto en estilo indirecto libre:

Otra vez –incomprensiblemente—se puso hecho una furia.

–He estado cristalizado un año en Marte y luego dos recuperándome.

Si hay algo que me irrita de Al es que a veces “sale” con tonterías. Todo mundo sabe que sólo se puede cristalizar a los marcianos. Pero no tengo ganas de enfadarme. Eso le concede ventaja.

–Bien –le dije— pero como ahora no estás cristalizado, te podría interesar este trabajo ¿o no? Recuerda que siempre nos divertimos bastante… cuando trabajamos juntos […]

Corrí mi asiento para que el Sol brillara en mi pelo y le tendí la mano.

-¿Firmado?

Sonrió amenazador.

–¡Estas coqueteando!

–Por supuesto –dije— Aunque no creo que sea necesario. (Martínez, 1998: 30-31)

Este tipo de escritura, el juego de metalepsis, logra el efecto aquél de excentricidad, de oscilar entre lo cómico y lo fantástico que describía Genette, en los relatos donde existe transición de un nivel narrativo a otro: cuando la narradora es también el sujeto de la narración; y ella misma le habla al lector o lectora como si el tiempo de la narración fuera contemporáneo al acto de leer la narración. El insólito viaje a Venus, la aventura de recoger de una fuente mítica la eterna juventud, está pleno de recursos literarios. La imaginación logra que lo metafórico del relato se antoje una crónica, notas en una bitácora de exploración, un suceso real. La mujer de negocios espaciales nos dice: “Ya saben cómo son los marcianos: muy bellos, altos, bien formados, piel rojiza y mirada firme. Son gente culta, inteligente, a veces encantadores -Y se me olvidaba- tienen un desarrollo tecnológico impresionante, y son una de las potencias bélicas más poderosas del Universo” (Martínez, 1998: 37).

Los venusinos, “indígenas (estilizados, bellos, semi-acuáticos)”, prohíben a los humanos que tengan acceso a las míticas aguas de la eterna juventud. Se da cuenta de las diferencias que tuvieron entre los planetas: los venusinos, “sin ejército medianamente defensivo”, contra los humanos, ya con enclaves militares en Venus. Entonces los marcianos se “hicieron amigos de los venusinos… Que si querían proteger a una de las más bellas razas en peligro de extinción. Que otras razas inconscientemente podrían abusar…”. Y los humanos, por violentos, por depredadores, perdieron la entrada libre a Venus, a la juventud extendida.

Ya en el universo de las aguas venusinas, se dan peripecias serias, simpáticas y otras fantásticas, pero todas plausibles, futuribles diría Adip Sabag, científico mexicano, conocido “padre de la prospectiva en América Latina”. Para obtener el visado, piloto y copilota deben casarse y simular una Luna de Miel -la mujer se asegura de que el divorcio quede firmado de antemano. La visa es para ocho días cerca de las fuentes del Planeta del Amor, pero a la pareja no le interesan las de la Zona Turística, sino las Siete Fuentes de la Vida, necesaria para la procreación venusina. Por estas fuentes los humanos convierten el sitio del amor en el Planeta de los negocios. Para recoger el agua que extenderá la vida de Dhon otros 100 años, hay que despistar a los vigilantes, cruzar la Zona de los Sonidos evitando “el ruido de las flores venusinas que enloquecen a los terrestres” y la Zona del Polen “que se levanta dorado con los primeros rayos del sol”, pero que “envenena los pulmones hasta morir”. La pareja logra sortear peligros, salvar a una venusina en agonía, y llegar a las fuentes. Ya sólo queda evitar a las libélulas, las guardianas de las fuentes. Una logra alcanzar a la mujer; y el castigo será la licuefacción:

Pero no sé lo que me pasa. Veo que Al se revuelve furioso. Veo que le dispara un afilado dardo a la libélula. Y que ésta abre las alas, y las pliega suavemente y se cae. Ya no hay peligro, pero siento una angustia extraña y veo que Al da un gemido horroroso y me recoge en un cuenco. Uno de esos bellos cuencos dorados que hay al lado de las fuentes… Y tengo la sensación de ir cayendo lentamente a un abismo y no comprendo como Al me recoge como si yo fuera agua […] Estoy furiosa, Al, estoy furiosa porque hemos fracasado. Quizá te dejen ir. Quizá veas a Dhon y le entregues el agua. Quizá acabes en las prisiones de Uron-2, querido aventurero, pero no puedo hablar y me enloquece estar aquí en este recipiente, ahora ya hermético, en una vitrina (Martínez, 1998: 43-44).

La mujer es Whissita Lena Reed: el relato se llama “La Libélula”. Fue publicado por primera vez en 1995. Vuelto a publicar -o transmitido, según la Teoría de la Recepción- en nueva edición y reedición en 1998. Y desde entonces, fotocopiado cientos, acaso miles de veces, con o sin permiso de la autora, para las clases de Ciencia Ficción en numerosos institutos tecnológicos y en los círculos de la Ciencia Ficción o escritura del futuro en México y en España, mejor dicho en las comunidades donde se lee Ciencia Ficción. Es bibliografía obligatoria en cursos de la Universidad Autónoma Metropolitana, del Instituto Politécnico Nacional, de la Universidad Nacional Autónoma de México, del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey: y ha sido discutido en las del selecto Instituto Superior de Estudios Prospectivos, de la Ciudad de México y en círculos literarios de Barcelona y de Brisbane, Australia, entre otros. El relato de la licuefacción se lee después del proceso de cristalización de Braker, “La crisálida”. Ambos constituyen un lugar común, casi un cliché de la Ciencia Ficción en México y en España, en Australia y en el sur de Estados Unidos.

Whissita recuperará la forma humana -así como Al dejó de estar cristalizado-, irá a Agar II -“único planeta del Ante-Espacio donde se ha conseguido la igualdad de total de sexos y razas” (Martínez, 1998: 48)- con o sin Al -quien “no come donde haya reptiloides asexuados”- y a muchos más rincones de las galaxias. Esta vida de aventuras extraterrestres de la profesora de Lucha Antigua, abarca cuando menos dos antologias, Cuentos del Archivo Hurus y Archivo Hurus II.

Whissita es también la primera y más querida creación de Blanca Martínez Fernández, que usa los seudónimos Mart y Blanca Mart. Es también su principal protagonista de aventuras inter-espaciales o encrucijadas en el espaciotiempo. Mart, creadora de universos alternativos, empresaria galáctica, hechicera cibernética -locución de Aldo M. Alba, en Martínez, 1998: 8-, es asidua viajera a Rest, asteroide sede del Archivo Hurus:

Ya saben Ustedes lo que se pone en los diccionarios sobre los archivos: / `…Existen oasis en la galaxias donde se guardan los conocimientos, donde se da asilo al perseguido, donde los caminos entre los soles son posible. Todos los conocen: son los archivos. (Martínez, 1998: 9)

Suele anteponer prólogos e introducciones a sus publicaciones de narrativa contemporánea, y así queda de revés la focalización interna, confundiendo la voz de la autora con la de las y los escritores, las narradoras y las y los personajes. Blanca, la mujer de carne y hueso, confiesa, da testimonio, manifiesta su “realidad” ante el universo diegético que ha creado: imagina naciones, sociedades, planetas, universos y sus habitantes, con calles, edificios, habitaciones, alimentos, ropajes, diversiones, profesiones, pasiones, etcétera. Crea un lazo, un vínculo existencial con su público lector cuando en la Introducción nos dice que se sienta a tomar un café y por su ventana -la de la Ciudad de México o la de Barcelona- mira hacia Hurus. Entonces recuerda a los viajeros y a las guerreras, a las científicas interesadas, a las magas sabias, a brujos ladrones, a vampiros prófugos que se convierten en escritores de CF, detectives melancólicos, guerreros enamoradizos, amazonas que niegan serlo; y escribe de, o crea y vive en, mundos paralelos y procesos en cristalización:

…muy sencillo: se cogía al marciano -o marciana, según el caso- y se le dormía con gas, pues su buen carácter desaparece cuando se intenta cristalizarlos. Una vez dormido se le inyecta helio-7 en la vena y empieza el proceso./Juro que no he visto en toda la galaxia nada más fascinante. /Primero su piel se endurece, luego se va volviendo transparente y encogiéndose como un niño que regresara dulcemente al útero. Luego despide una luz, una luz suave, iridiscente. Y, a medida que esta luz se va apagando, empieza a oírse un ruido como el del agua corriente entre las rocas. Y luego se desvanece y sólo queda eso: una piedra transparente, brillante, como una lágrima eternizada. …Ni los mejores brillantes tienen ese tacto duro y suave, ni las más bellas esmeraldas esa luz. (Martínez, 1998: 15)

También de robótica, de tele-transportación, de clones y dobles, naves espaciales y encuentros interplanetarios. Aunque alega -metadiegética- que ubica sus Cuentos… en el pasado, y -metalepsis de por medio- nos invita a leer y saborear despacio lo que sucede “por los caminos olvidados, por las rutas imposibles de los Soles Antiguos” (Martínez, 1998: 10). Lo que parece a primera vista analepsis, es más bien una prolepsis sin fin. Más que anticipación, lo que escribe se convierte en provocación que nos lanza fuera de este tiempo y este mundo: al futuro, a la posterioridad.

Ni la narratología de G. Gennette ni sus tiempos del relato -narración ulterior, anterior, simultánea o intercalada- alcanzan para la literatura de lugares como Hurus, Orsini, Neutrax con sus Declaraciones de Derechos Humanos y Variantes o ciudadanías interestelares. Genette clasificaba retrospectivas, analizaba En busca del tiempo perdido. Por el contrario, en la CF se trata de lo venidero, lo ulterior, lo que sigue, el futuro aunque sea contingente. Hay que leer en otro sentido cuando Blanca diga que “recuerda” y que estas son “las historias que me cuentan”, o que cualquiera puede encontrarlas en los archivos. En realidad, lo de ella es el futuro, el cambio, el conocimiento: escribe Ciencia Ficción y su obra literaria cala y hace historia.

Nació catalana y en Barcelona apareció su primer cuento, “La crisálida” (1982). El segundo, “La libélula” (1995), lo publicaron en México, en la especializada revista Azimov Ciencia Ficción en español, y lo siguen incluyendo en publicaciones periódicas y antologías del “género hibrido” (locución de “La Libélula”). Acaba de publicarlo (2013), esta vez en España, Alfa Eridiani revista especializada en Ciencia Ficción, Fantasía y Terror y Misterio. En la Ciudad de México escribe y publica cuentos, novelas y artículos especializados en “literatura fantástica”, como la ortodoxia encasilla a la Ciencia Ficción, al horror, al misterio y a la narrativa de reyes, princesas, brujos, magas, vampiros. Estas creaciones no responden a la doxa, ni son mimesis ni analogía. Se acercan más a la diégesis aristotélica, aunque se interesen poco en la literatura de ambientes, tiempos, circunstancias y personajes mexicanos; o en la universal, sobre problemas contemporáneos o entre coterráneos; lejos del Mainstream literario. Menos atractivo hallan en la Historia y sus cronologías. Incluso Blanca reconoce esta narrativa como “La otra literatura” (Martínez, 2002). La narración imaginativa recibe apelativos diversos, pues escapa a la mímesis tradicional, aquella que copia o evoca la vida real. Conforme avanza la humanidad con adelantos científicos y tecnológicos, hoy por hoy la virtualidad desdibuja los límites y se escribe de lo real-real, lo real-virtual, lo real maravilloso, lo real fantástico, en fin. Por eso, algunos autores llaman “fabulaciones míticas” a esta literatura. Para alguna crítica será “literatura no-tradicional” o de “géneros híbridos”. Para Blanca, que escribe Ciencia Ficción desde hace más de tres décadas, hoy debe ser reconocida como “Ficción Prospectiva”, compañera, guía, y pionera de la ciencia prospectiva, término que acuñó el Instituto Internacional de Prospectiva de México. Ante la Ciencia Ficción, la narratología -tan útil para entender andamios poéticos, clasificar y analizar las mimesis literarias, las representaciones de la realidad- no encuentra términos ni taxonomía. Con posibilidades de clasificación en compartimientos estanco, la Ciencia Ficción para algunos suele parecer más bien un cajón de sastre donde cabe todo: el habla literaria y el habla práctica, el discurso científico y el seudo-científico.

En La era de los clones, Blanca, a propósito de la clonación, escribe una space opera, una aventura espacial, divertida, inteligente. La ciencia, la libertad individual y la imaginación se confabulan para insistir en el respeto a los seres diferentes. En El Manuscrito Florentino -en coautoría con el escritor Aldo Alba- cuyo eje central son los viajes en el tiempo, se ponderan el valor de la ciencia y del estudio contra las intrigas políticas por el poder sobre los conocimientos. En otra aventura espacial, El espacio aural, una joven guerrera debe replantearse la realidad de algunos universos, lo real-virtual, cuando se topa con seres tridimensionales, llamados Imagen o Fílmicos -hologramas- y debe descubrir si existen o no.

Para estudiar narrativa tan diversa, servirá la Teoría de la Recepción en Literatura -antes la Reader-Response Theory– que proporciona postulados y metodologías más afines a la postmodernidad y sus desafíos para la ciencia positiva. Para establecer la naturaleza del relato: “La vida histórica de una obra literaria es inconcebible sin el papel activo que desempeña su destinatario” (Jauss, 1071: 69). ¿Lo que se lee es fruto del impulso estético y la creatividad literaria, o mera expresión individual, capacidad comunicativa, lengua práctica? Lo primero será comprobar la carga del impacto estético de los relatos en futuro contingente: la metáfora. Un ejemplo, el proceso de cristalización:

Cayó como caen los pétalos de las rosas. [… ] Se deshizo en mil luces, en mil destellos imposibles. Suavemente, pero luchando hasta el fin. /Cuando todo acabó, de ella sólo quedaba un recuerdo. Y la piedra. Suave. Dura. Un desgarro bellísimo. Una lágrima eterna (Martínez, 1998: 17)”.

¿Cuál es el impacto del relato en la sociedad, en el universo lector? La dinámica en los ambientes creativos de la lengua sirve para calibrar la vida literaria, y no solo la de los cenáculos, grupos de amigos, clubes y academias oficiales. La trascendencia de la obra literaria, es decir las ediciones y transmisiones a otros ambientes literarios: los juicios y comentarios de los y las destinatarias, o sea del público lector; las referencias y menciones de lectoras y aficionados -mejor si se trata de lectores y lectoras profesionales, como las casas editoras- dan noticia de las formas en que la obra es recibida, son evidencia de vida poética. Cabe seguir los postulados de Jauss -que alcanzan a la escritura de mujeres, seres marginados, invisibles a la jerarquía literaria androcéntrica- sobre los impactos de la obra en el mundo de la lectura. También valen las lecciones de Antonio Cándido para reconocer a la literatura como sistema de expresión de una sociedad, de una comunidad, de un grupo social. Y para determinar el horizonte de expectativas de esa sociedad, de ese grupo; y establecer si el autor o la autora satisface ese horizonte, si es reconocida como la voz poética o las voces poéticas de ese grupo o grupos.

Alberto Vital, especialista de la recepción de Juan Rulfo (Vital, 1994: 27), categoriza a las “Entidades con carácter literario”, es decir a las personas e instituciones que validan la obra. La lista incluye a las y los críticos famosos; las y los escritores de mucho prestigio; editoriales: colecciones de libros; publicaciones literarias; academias de lengua y literatura; lectores y lectoras extranjeros; premios literarios; institutos de investigación y agentes literarios. Que un “lector privilegiado”, un profesional como un editor reconocido, publique un cuento, una novela, una reseña o un guión es reconocimiento explícito del valor literario del texto. Tal o cual autora se acerca o cumple con el horizonte de expectativas -incluso lo abre y lo trasciende- del público que lo recibe.

En la vida literaria de hoy, la escritora, el autor, son convalidados mediante la gestión del mundo editorial. Y para mantenerse viva, vivo y trascender, se requiere del público lector, el consumidor, el mercado. Cuando las editoriales profesionales editan un texto, para la historia literaria es evidencia de profesionalización. Los “lectores privilegiados” saben que el escrito es literatura, que habrá un público lector, un mercado que lo consumirá, para hablar en términos neoliberales. Mart cuenta con ese mercado y con esa gestión, por no reducir su impacto a términos de marketing y management. Su talla es internacional, globalizada, y se encuentra en bibliotecas de Iberoamérica y en Estados Unidos y Australia. Eso sí su obra es originaria de la región simbólico-cultural que une a México con España. Pertenece al sistema de expresión compartida por la literatura escrita en el corredor cultural iberoamericano, de la región trasatlántica, en el espacio cultural llamado “de Ambos Mundos” (Granillo, 2004).

Tan longeva tradición cultural comienza, para los intereses mexicanos, con las crónicas del Nuevo Mundo en el siglo XVI y se refuerza con la Visión de los vencidos en el XX. Por el corredor cultural circulan discursos y obras de autoras como Sor Juana, la Décima Musa -epíteto de cuño español- y muchas y muchos más que han escrito, vivido o publicado en ambos lados del Atlántico; y que son leídos y retransmitidos en las dos orillas. Para el caso de las costas españolas y mexicanas y del siglo XIX y XX, están los casos de los españoles José Zorrilla, Emilia Serrano, Concepción Jimeno de Flaquer, o Valle Inclán; y de los mexicanos que completan el tornaviaje, como Isabel Pesado, Vicente Riva Palacio, Isabel Prieto, Amado Nervo, María Enriqueta Camarillo. En la misma tradición de tal pléyade literaria, Blanca Martínez escribe, vive y es editada y leída en México y en España.

Además de “La libélula”, la mexicana revista especializada Azimov Ciencia Ficcion en español, le publicó, “Los vagabundos” (1995) y “Droga roja” (1997). Ahí mismo aparecieron, entre 1995 y 1999, en sección fija llamada “Reseñas estelares”, una docena de críticas a novelas de Ciencia Ficción. Con su La era de los Clones (Martínez, 2005), la editorial Ramón Llaca y Cía inauguró una colección titulada “Hurus” justamente. Esta primera novela además produjo reseñas como la que Aldo Alba le dedicó en Azimov; y artículos y estudios y citas como las de la revista electrónica Hontanar de la sección de letras hispánicas de la Universidad de Queensland en Australia (Arroyo, 2009).

Cuando el connotado grupo Goliardos le publicó su primera novela de literatura fantástica con pinceladas de Ciencia Ficción, La soledad de la meiga (2003), Blanca ya era bien reconocida entre instituciones literarias. Había sido invitada a pertenecer a la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía (AMCyF), que conjuga a escritores y críticos famosos como Salomon Balbaz, Gerardo Horacio Porcayo, Gonzalo Martré, Gabriel Trujillo, Miguel Ángel Fernández. Por si se dudara de la talla o la calidad literaria de estas instituciones, véase lo que se dice en la enciclopedia digital: “Agrupación mexicana independiente dedicada a la difusión de diferentes ramas de la cultura alternativa, enfocada principalmente a la literatura fantástica, como es el terror, la fantasía y la ciencia ficción” (Goliardos, 2013). Entre sus fundadores están Carlos Montemayor y Paco Ignacio Taibo II. Los trabajos de esta institución literaria siguen la dirección del inquietante escritor H. Pascal. También Goliardos publicaría El manuscrito florentino, ejercicio interesante a dos manos pues Mart comparte la coautoría de esta novela con Aldo Alba.

Editoriales y revistas especializadas en “la otra literatura”, la no-tradicional, la de experimentación, de géneros híbridos, sub-géneros alternativos, o como sea que le llamen a la Ciencia Ficción y sus variantes, publican sus cuentos y artículos. El Sistema de Información Cultural del gobierno de México, registra que Pasto Verde – revista dirigida por famoso poeta vinculado al Instituto Veracruzano de Cultura y CONACULTA (Islasainz, 1997) publicó “La bruja”. Eduardo Mosches y José Ángel Leyva, de la revista Blanco Móvil -otro proyecto cultural alternativo, interesante, prometedor- le publicaron en 2004 el cuento “La guerra de Puerto Space”. La “concepción editorial” de revistas como estas es “presentar al lector mexicano nuevas ventanas de interés hacia literaturas poco conocidas, o temas poco obvios, para ampliar la visión interés del lector y hasta de los propios escritores en México.” (Mosches, 2010). La editorial Felou publicó –2007–Lluvia sobre el barman, novela policíaca.

El Centro de Investigaciones Económicas y Administrativas (CIECAS) -ideal para las predicciones socioeconómicas y tecnológicas- del Instituto Politécnico Nacional (IPN), en Prospectiva Política social y tecnociencia, órgano oficial, le publicó varios estudios sobre la Ciencia Ficción y las ciudades, así como sugerentes notas de metodología para investigar el futuro. En publicaciones del mismo CIECAS, escribió sobre los orígenes de la Ciencia Ficción, la novela-cuna Frankestein; y apuntes teóricos de un concepto que llama “Diseño narrativo”, acerca de seres, temas, ambiente. También se encuentran ahí otros apuntes teóricos, históricos, sobre diferencias entre “las ficciones científicas y las literarias”. Entonces la invitaron a desarrollar teoría literaria para la Ciencia Ficción en el Instituto Internacional de Prospectiva. Ahí, con los futurólogos rebautizó esta escritura como Ficción Prospectiva, y escribió un libro de texto para la colección Futuronium (Martínez, 2003). Ya como titular de la materia, Blanca desarrolló investigaciones sobre futurología y publicó artículos sobre el catastrofismo en la Ciencia Ficción, viajes y viajeros entre otros. Las tres mejores instituciones de educación superior pública de México, el IPN, la UNAM y LA UAM, le han publicado cuentos y artículos o ensayos, e incluso capítulos de libros en lo suyo: la Ciencia Ficción, la fantasía mítica, el escalofriante misterio y su aliado horroroso: el terror.

Ha recibido varios premios. Entre ellos, y para los intereses de esta investigación, destacan: mención honorífica al cuento “La loba dorada”, concurso del Instituto Coahuilense de Cultura (1999); premio a “La meiga” en el VIII Concurso cuento breve El Alquimista, de Barcelona (2001) o el 2º Premio al cuento “La pérdua”, Concurso Tirant lo Blanc del Orfeo Catalán de México. En 2013, en la lista de correos electrónicos que maneja el escritor Miguel Ángel Fernández, bibliógrafo designado por la Comisión gubernamental para conmemorar, en 2010, el Centenario y Bicentenario de la Independencia y la Revolución Mexicana, nos compartía que Blanca “es finalista al premio Ignotus en la categoría de novela, nominada por la Asociación Española de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror” (MAF). También anunciaba que la novela se puede comprar en Amazon, como e-book. Como se ve, además de su propia voluntad de escribir, Blanca cuenta con el reconocimiento y apoyo de instituciones y lectores y lectoras privilegiadas.

Fantasías ingenuas para la ficción especulativa, el cambio social y el mercado

… sólo quise permitirme una fantasía ingenua: hacer que dos personas con todo a su favor para ser felices lo fueran, arreglando un mínimo desajuste. Pues eso de vivir en siglos diferentes qué importancia tiene, si en las páginas de un cuento siempre se podrá viajar en el espaciotiempo. (Damián, 2008: 215)

Activa socia del Orfeo Catalá de Méxic, es asidua impulsora del Premio de narrativa Tirant lo Blanc, que anualmente convoca entre 60 y 70 participantes. Desde ahí también ha impulsado a otras escritoras como la célebre periodista Noemí Atamoros, primera mujer que colaboró en el periódico Excélsior, y Mercedes Martínez Torres con quienes ahora comparte editorialmente la promoción de otros escritores y escritoras en la Tertulia-Asociación: Escritores Tirant lo Blanc. Blanca coordina la colección “Dialogo entre culturas” en la editorial del Orfeo, desde donde se difunden vida y obra de personas, especialmente mujeres intelectuales catalanas y mexicanas, como Rosa María Duran i Gilli.

En el ambiente literario donde vive Blanca, además de impulsar los afanes poéticos propios y emprender proyectos culturales, se favorecen universos diegéticos que responden ampliamente al horizonte de expectativa de las sociedades que toca o visita: sus libros se venden. Y las antologías o colecciones de cuento donde publica, también se venden.

Pertenece a la Associacio Colegial d’Escriptors de Catalunya. En España, publicaron su novela La Nimiedad -Ediciones Carena, Barcelona, 2006-, clasificada como “narrativa contemporánea” por la Associacio. Texto hermoso, evocativo, sobre la vida cotidiana de un anciano que sabe que va a morir; y que desde las costas de Cataluña o de Galicia repasa su vida, sus amores y altibajos, los de la España republicana, el horror de la Guerra Civil y la paranoia del franquismo. Están ahí también las preocupaciones y la existencia de sus hijas e hijo. En esta cotidianidad de la vejez, ¿para qué cerrar la puerta de casa? ¿A qué vienen ahora los hijos? Queda solamente caminar, pescar, contemplar el paisaje y evocar, recapitular, olvidar:

Para la autora, la vejez nos prodiga verdad pero también dolor: “A él ya no le quedaban recuerdos”. Blanca lleva en sus venas sangre española pero es también mexicana por elección, no puede ni quiere deshacerse de su realidad mexicana y así coloca frases cotidianas: “Ay, no te hagas”, “Aquél, se hace…” para luego señalar: “todos nos hacemos y así la vamos pasando”. (Arroyo, 2007)

Del otro lado del Atlántico, tradujeron al catalán La era de los clones, como Els Fills de l´atzar (Pagès Edicions, 2012). En Madrid, Torremozas publicó su libro de poesía, Avatares (2008). Alfa Eridiani, además publicó otro cuento “Puerto Pirata” y la novela El Espacio Aural (2012). La casa Erídano editó su primera obra de fantasía épica A la sombra del Linaje.

Desde 2001, como autora faro en el ambiente literario mexicano y español, Lectorum, editorial de amplia trayectoria, la cuenta entre los y las suyas. En 2001 publicaron su cuento “Detective”en El Hombre de las dos puertas, antología compartida- y su antología Archivo Hurus II. En 2011, en la antología Juventud Negra, incluyeron su el cuento “Mal hablados”; en 2012 incluyeron dos cuentos suyos “En el basurero” y “En el barrio” en la antología Barrio, que se sigue vendiendo en las mejores -éxito de ventas- librerías de México, las de la cadena Sanborn’s. En 2013, el mercado de Estados Unidos estaba listo para la obra de Mart: en Miami, la antología policiaca Tres disparos, coedición Lectorum/L.D.Books, incluyó “El vuelo de la gaviota”, novela corta policiaca. En ese libro comparte créditos con Porfirio Romo, el conocido escritor y empresario cultural exitoso, director del grupo editor. También en Miami, y en coedición igual, pero en volumen de ella, publicaron su novela Dorian Eternity, fantasía, Ciencia ficción y terror.

Mariachis en el espacio y sor Juana en ambos mundos

En 1818, Mary Shelley, una joven de diecinueve años, publicó una obra sobre un científico que construye un ser humano: Frankenstein. Con ello, según los investigadores Scholes y Rabkin, Mary cambió para siempre las posibilidades de la literatura. /Las ideas de ciencia, futuro y cambio entraban en las obras literarias. Y así nació la ciencia ficción: de mano de una mujer (Martínez, 2002: 1).

En 1990, un ensayo histórico literario de Gabriel Trujillo ganó el Premio Estatal de Literatura 1998-1990, otorgado por el Instituto de Cultura de Baja California. Mayormente se dedicó a trazar la aparición de la Ciencia Ficción en el mundo occidental, especialmente la escrita en inglés y francés. A partir de considerar aquello de conocimiento y cambio, escribe esta “Historia de un género” -en términos literario, no de sexo- género:

… la ciencia, el conocimiento sistematizado, sigue siendo un campo de prueba, no sólo de hipótesis y teorías, sino de planteamientos distintos, de verdades opuestas sobre la realidad que habitamos; los cambios que el conocimiento introduce en tal entramado social han producido, a partir del siglo XIX (aunque sus antecedentes se remontan hasta las primeras civilizaciones), la aparición de una narrativa que toma en cuenta el saber científico para la elaboración de propuestas imaginativas que pregonen los problemas inherentes a la condición humana. (Trujillo, 1990: 11-2)

Dedicó un “Apéndice”, a la Ciencia Ficción Latinoamericana y ahí insertó la mexicana. Entonces pensaba que “habría que considerar a la ciencia ficción dentro de la literatura latinoamericana, como un elemento más de lo fantástico” (Trujillo, 1990: 123). Entonces, coincidía con el lugar común de la crítica que, desde la ortodoxia académica en lengua inglesa, considera que la Ciencia Ficción escrita en español adolece de escaso, cuando no nulo, conocimiento científico-tecnológico; y que por esta escasez de tecno-ciencia, recurre a una “nomenclatura confusa” y se escapa hacia la fantasía. Algo similar se lee en la convocatoria de Silvia Ares para escribir un capítulo para un número de una revista alemana sobre Ciencia Ficción Latinoamericana, convocatoria que me incitó a iniciar esta investigación:

Perhaps one of the most serious problems faced by scholars of science fiction written in Spanish is not only the instability of their corpus but also the mislabeling of science fiction artifacts and the confusion with fantastic narratives and imaginaries. This mix-up reveals jumbled vocabularies and exegesis.

Aunque en seguida se rebaten los argumentos con ópticas de estudios transculturales:

Such perspectives are rooted in a deep distrust on narrative forms that do not conform to straight forward models or clear cut aesthetic or ideological interpretations. Moreover, such suspicion hides a desire to create a pure ontology of Latin American culture (Ares, 2013)

Cuando Trujillo elaboró aquellos primeros postulados teóricos mexicanos sobre la Ciencia Ficción, comenzaba su carrera. Aunque sí alcanza a vislumbrar el futuro y -aunque sea en la última nota a pie de página- reconoce que “en México, la aparición de Más allá de lo imaginado (1991), primera antología de cuento de ciencia ficción, compilada por Federico Schaffler, demuestra la madurez de este género literario en nuestro país¨. De entonces al presente, han surgido muchos y muchas escritoras, revistas, antologías, Fanzines y Erzines –publicaciones exclusivas de los creadores de Ciencia Ficción. El mercado editorial, el ambiente literario, el mundo lector abren sus puertas a la “ficción especulativa” como la llama en 2010, Bernardo Fernández (Fernández, 2008), otro experto y compilador de la antología 25 años de Ciencia Ficción Mexicana. Con ironía de buenas gracias, escribe con cierta sorna, muy en el tono de la discusión acerca de la identidad mexicana: “este subgénero maldito [que] siempre provoca en el lego una sonrisa burlona. ¿De qué puede tratar? ¿De mariachis en el espacio? ¿De sor Juana Inés de la Cruz viajando en el tiempo?” (Fernández, 2008: 7).

Tanto las actividades de los Goliardos como las de Blanco Móvil o el Premio Puebla -originado en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, CONACYT del Estado, en 1984 y hoy Premio Nacional de Cuento Fantástico y Ciencia Ficción-; o el proyecto cultural “Tierra Adentro” y sus 3 volúmenes de Más allá de lo imaginado; o los trabajos de Schaffler, autor tamaulipeco y su incesante taller “Tierra ignota” de Nuevo Laredo; o los de Miguel Ángel Fernández y su Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía -MAF, bibliófilo, bibliógrafo, erudito, blogero, escritor de Ciencia Ficción, compilador de Visiones periféricas, Lumen, 2001- o los del Instituto Nacional de Prospectiva, avalan la existencia de un corpus literario mexicano de Ciencia Ficción. En tal corpus, destacan Blanca Martínez y otras escritoras de trayectoria internacional, mujeres exitosas en los últimos treinta años.

En 2002, Trujillo, quien se considera uno de los tres especialistas en investigación histórico-literaria sobre Ciencia Ficción mexicana -Miguel Ángel Fernández y Ramón López Castro serían los otros dos- (Trujillo, 2001: 102), distingue ya entre “los defensores del gueto alternativo que representa para ellos este género literario y los que incursionan en tal literatura simplemente como pretexto o punto de partida de su creación narrativa, y por lo mismo, poco se preocupan por cumplir con las normas del género”. Trujillo, que a la fecha ha ganado una decena de premios literarios, señala las “cuatro o cinco líneas de creación”: el experimento científico y consecuencias; el viaje estelar y conflictos temporales; el contacto con otros seres inteligentes -orgánicos o cibernéticos-; “la catástrofe apocalíptica y el panorama de la humanidad futura y sus efectos en la civilización que se avecina”. Todo ello se cifra en “la conciencia del cambio, el reconocimiento de que todo evoluciona y que la realidad tal y como la percibimos es apenas una opción entre muchas otras de nuestro destino común” (Trujillo, 2001: 104). Ciencia, conocimiento y cambio, diría Blanca Mart.

Casi una generación de por medio, dos décadas después de ganar aquel premio y dotar de sentido nacional aquellos esbozos sueltos, Trujillo reconoce la existencia en el tercer milenio de varios nutridos núcleos y periferias de escritura ya madura. En el grupo del “gueto alternativo”, junto a Mauricio Jose Schwarz, Paco Ignacio Taibo II, Federico Shaffler, Héctor Chavarría están él mismo, y -reiteración asumida- junto a él, nuestra autora, de quien dice:

Blanca Martínez se ubica en la aventura galáctica, en la llamada ópera espacial, que es una cruza de aventura del oeste con escenarios futuristas y rayos láser en vez de carabina, como sucede en su novela La era de los clones (1998) (Trujillo, 2001: 105).

Para Trujillo, además de la Ciencia Ficción “clásica”, se notan ya variantes autóctonas que clasifica como a) el cyberpunk o la neo-ortodoxia; b) “el desastre que viene” y c) “el ajolote narrativo: …un ser que ha borrado las fronteras entre lo racional y lo irracional, lo probable y lo imposible, lo optimista y lo lúgubre. De esta zona imprecisa de la ficción nacional surgen algunos de los textos más imaginativos e inquietantes” (Trujillo, 2001: 109).

Siguiendo los postulados de la Teoría de la Recepción, se puede decir que en México se escribe Ciencia Ficción desde el siglo XVIII, desde que éramos la Nueva España. Acaso desde antes, desde que en el horizonte de expectativas de los toltecas y nahuas se vislumbraba el fin del mundo y la llegada de emisarios, y otros soles y habitantes, seres y tecnologías de otros mundos.

La mexicanidad estriba en discurrir sobre el mestizaje, la mezcla de razas y la herencia de los pueblos originarios, así como acerca de la confrontación y mezcla con el Imperio Español, con la Europa católica, región sociocultural que a su vez se inventó a ella misma al tener que trazar fronteras ante el Nuevo Mundo. A lo que de este lado del Atlántico, la antropología cultural llama “La Invención de América”, el mosaico de pueblos, feudos, condados y monarquías que trataba de integrarse en la religión tras la caída del Imperio Romano y la expulsión de los musulmanes, en la otra orilla la llaman el “Descubrimiento de América” (1492) y la discusión sobre aquella embestida que decidió destruir una de las pocas civilizaciones de cuño propio que se han desarrollado en el planeta, la mesoamericana, en el proceso histórico que llaman la “Conquista de México” (1525); de este lado del Atlántico se alega que fue una invasión, una guerra desigual e injustificada entre dos mundos. Tanto así que ante el V Centenario, en 1992, el gobierno mexicano -protestas de pueblos e intelectuales de por medio- decidió cambiar de nombre al Día de la Raza o al Descubrimiento, y lo rebautizó como “El Encuentro de Dos Mundos”. Si tomamos en cuenta que la crítica literaria y la Historia reconoce signos de Ciencia Ficción -viaje en el espacio, desplazamiento interplanetario- en El Primero Sueño de Sor Juana (siglo XVII), y ha consignado como pionero con todas las credenciales el relato fundacional de la Ciencia Ficción mexicana en el escrito del franciscano Manuel Antonio de Rivas (1775), se entiende el denso sentido cultural, antropológico, humanista con que se afinca en México esta otra literatura:

Si Sizigias y cuadraturas resulta ser, por desbordar las normas habituales de acercamiento al mundo y abrir la realidad de lo conocido, el primer cuento fantástico escrito en Hispanoamérica, habriía que ver, en el origen del género, dos cosas. Primero, los principios de la ciencia moderna asumidos por el pensamiento ilustrado mexicano en la segunda mitad del siglo XVIII y, consecuentemente, una crítica a los modos del pensamiento escolástico inquisitorial. Ya desde el último tercio del siglo XVII, Sor Juana y Carlos de Sigüenza y Góngora sostenían que la razón, la experimentación y el método eran principios epistemológicos suficientes de saber. Con esto comenzaban una rebelión frente a la escolástica que retomarían años después los jesuitas y franciscanos ilustrados de Nueva España. Los jesuitas fueron expulsados en 1767, y los franciscanos, por enseñar la física experimental, fueron especialmente perseguidos por la Inquisición. En el marco de esta persecución habría que ver el nacimiento del género en América. Segundo, una historia de la literatura de corte fantástico nos llevaría, tal como enseña la defensa del fraile Rivas, a un origen estrechamente ligado a la actitud crítica, satírica y pedagógica de la fábula. El viaje a la Luna de Manuel Antonio de Rivas, como toda fábula, despliega en el plano de la fantasía una crítica a los hombres de la Tierra (Depetris, 2013: 10).

Lo cierto es que los viaje interplanetarios, las descripciones del paisaje lunar, la erudición -o conocimiento- que desafía las leyes de la gravedad, la figura del invento que rebasa los límites de los conocimientos científicos y tecnológicos; estos elementos dan fe de un auténtico cuento de Ciencia Ficción. Lo que resulta fascinante para México, para la literatura iberoamericana, es que los viajes al espacio de los padres de la Ciencia Ficción en francés y en inglés, Julio Verne y H. G. Wells, aparecerían un siglo después que el cuento del pobre fraile mexicano, un visionario ilustrado. Hay una larga lista de obras de los siglos XIX y XX que son precursoras -aunque esporádicas-, y no cabe citar aquí. Lo que sí puede decirse es que el último cuarto del siglo XX y lo que va del XXI, hay amplias muestras de la consolidación y diversificación de la Ciencia Ficción en México. ¿Por qué una sola definición para los escritos de un planeta tan diverso? Cuando la imaginación poética va más allá de las unidades de tiempo, de género literario y acción, las fronteras suelen difuminarse y la creatividad expandirse. Y ello será mejor para la Ciencia Ficción, especialmente compleja por su cercanía con narrativas colindantes. Hay quienes por facilitarse la tarea, opinan que es simplemente una rama más de la literatura fantástica. Pero conviene distinguir estas dos tradiciones. Si bien ambas narrativas poseen elementos comunes como el “sentido de maravilla” -capacidad para sorprender al lector con mundos ficticios, personajes y paisajes diferentes a los habitualmente conocidos-, hay diferencias importantes. Por ejemplo, la existencia de una hipótesis científica está siempre presente en la Ciencia Ficción. Los relatos fantásticos parten de un hecho sobrenatural, imposible de explicar desde la lógica racional.

Ello queda afirmado en las sentencias definitorias de Blanca, de Trujillo o de Bef: cambio, conocimiento, ciencia y futuro. Que las definiciones de Ciencia Ficción en literaturas extranjeras se esfuercen por armar la tecno-ciencia, mientras que la mexicana sea campo para lo visionario y la expansión de los intereses humanos, lo social, lo antropológico.

Si se revisan los postulados teóricos de Micquel Barcelo y los teóricos que cita, Lester del Rey o Kingsley Amis, la Ciencia Ficción mexicana cabe mejor en las definiciones del editor estadounidense Sam Moskowiz, cuyo criterio más amplio la define como género identificable por facilitar la suspensión involuntaria de la incredulidad de los lectores, al utilizar una atmósfera de credibilidad científica mediante especulaciones imaginativas en el campo de las ciencias físicas, las ciencias sociales y la filosofía. Así, dice también desde Estados Unidos, Robert Heinlein, la especulación en torno a unos posibles acontecimientos futuros basada sólidamente en un conocimiento adecuado del mundo real y en una profunda comprensión del método científico, mantiene rasgos distintivos. La propuesta literaria, metafórica contiene: a) el vínculo entre literatura y ciencia; b) la relación del ser humano con su entorno, lo societal, dirán en francés; c) el cuestionamiento de los límites del conocimiento científico contra las capacidades imaginativas humanas que permiten cuestionar su realidad e, inclusive, anticipar las posibles transformaciones y vislumbrar el futuro aún desconocido e incierto, pero plausible. La exploración del tiempo; los viajes al espacio; las posibilidades de la ciencia, la tecnología y el desarrollo de ficciones basadas en la informática o la genética, son algunas temáticas representativas, pero no las únicas. En el caso mexicano, las problemáticas sociológica, psicológica, antropológica, de las ciencias sociales en general, y de la filosofía, la filología, la historia de nuestra sociedad tan contrastante, atraen escritores y lectores del género.

la ciencia ficción crea comunidades y convoca mujeres cósmicas

En este país la Ciencia Ficción se escribe por gusto y por cariño, por más nada, la cuestión es ¿por qué hay más hombres que mujeres amantes de la Ciencia Ficción?, misterio insondable de la vida. Afortunadamente hay algunas que se salvan del desamor, ya desde principios de siglo hay un par de escritoras que abordan el género; y en los 60 empiezan a incursionar en él mujeres como Beatriz Castillo León, Eglantina Ochoa Sandoval y algunas otras (Castro, 2013).

Empresaria cultural, Blanca Martínez dirige en México Ediciones el Taller, donde publicó El manuscrito florentino, novela en coautoría con Aldo Alba, 2009, y escribe biografías de mujeres, colecciones de cuentos y novelas de otros y otras autoras catalanas y mexicanas, de ficción prospectiva y terror y misterio. En la antología Difrentes (Martínez, 2002), leer el cuento “Alimento” -un ser femenino muere de hambre en un planeta raro- es sumergirse en un universo inquietante de Ciencia Ficción con terror y misterio, pero básicamente, con perspectiva de género:

Las manos y los cuerpos se buscaron: y fue el sabor del cacao y la leche, de la miel y el pan perfecto de los manás obsequiados, y el frescor de la lechuga y el cristal del agua; el mórbido sabor de las grasas, dejando su aroma de vicio imprevisible y ya olvidado. La aceituna fresca y el champagne del olvido; la manzana y la uva del renacimiento.

-¿De dónde eres? –preguntó ella.

Él se encogió de hombros, “Nunca lo he sabido, quizás del espacio…”

-¿Siempre has tenido hambre? -volvió ella a preguntar.

-Ya no -contestó él. Abrazándola.

La galaxia regresó al origen. Y el calor del Alimento inundó sus pechos.

Desde el “Prólogo” condiciona al lector, otra vez focalización interna revertida:

Cuentan que fue en tiempos antiguos cuando los hombres y las mujeres luchaban juntos y ambos construían la supervivencia, cuando se crearon las leyendas. Y una de ellas cuenta que los guerreros y las guerreras, hartos de luchar y de beber en los cráneos de los enemigos, se miraron hastiados y dijeron “Nos falta una palabra”. Y se miraron entre ellos. Y buscaron. Y recorrieron los caminos necesarios que conlleva la renuncia y el pacto. Y pasaban los siglos. Y no la encontraban. Hasta que alguien les dijo: “Está escrita en la ribera donde moran los pueblos diferentes, cercanos y en paz. Donde están los monstruos y los ángeles y no hay engaño posible”. Y continuaron creyendo que sería el paraíso mítico de los orígenes, pero al llegar vieron que era el Paraíso Inventado, Construido y Recreado, y que la palabra escrita en la roca de la ribera, junto al mar, era ‘Tolerancia’. Y les llevó milenios comprenderla. (Martínez, 2002: 8-9)

Ya antes Aldo Alba, miembro de la AMCFyF, tesorero 2002-2004, había descubierto esta perspectiva de género -feminismo de la diferencia- en la obra de la creadora de Hurus. La constató en un “Prólogo”, luego de lamentarse de “algunos hombres” que, envidiosos de cazadoras de las familias prehistóricas, de las chamanas, jefas y sacerdotisas, “se unieron y con engaños lograron” derrocarlas:

Hoy nos damos cuenta de que al derrocar al reino de lo femenino condenamos a la humanidad a la decadencia, pues sólo ellas pueden, con su especial conformación mental y anatómica, estar más cerca del cosmos que nosotros. Y he aquí que Blanca llega como acabado ejemplo de esas mujeres cósmicas, un espíritu que permaneció en animación suspendida para asombrarnos ahora, al final de este milenio./ La prodigiosa imaginación de Blanca es capaz de agotar un disco duro de 16.8 gigas para construir con palabras los cientos de mundos que están en su cabeza: reyes, princesas, héroes espaciales, planetas, galaxias, castillos, poetas ratoniles, bárbaros y animales fabulosos. Mundos a salvo de psicópatas, pornografía, sangre y machismo. (Alba, en Martínez, 1998: 8)

Para Ediciones El Taller, Blanca ha convocado muchas escritoras. En la contraportada de Difrentes consta el compromiso social, de género, de la compiladora: “Vivimos en un mundo diferente. ¿Por qué caminos vamos a llegar a la tolerancia? El sexo, el amor, el desencanto, la ironía. Aventura tras aventura. Seres diferentes (Difrentes) en el camino, en la búsqueda que no acaba”. Compartió créditos con Elena Pujol y Martha Camacho, algunas ilustraciones son de Mariana C. Márquez (Eme) y Libia Brenda Castro estuvo al cuidado de la edición.

La misma editorial ha publicado dos novelas de Mary Acosta, protagonizadas por Anisilma Alfaro Santos, quien atraviesa una metamorfosis y de ser una secretaria, un apéndice en la jefatura masculina, casi aniquilada por la burocracia gubernamental de la oficina, a convertirse en Any, una súper mujer con dobles y triples vidas en mundos de alta tecnología con desafíos de justicia social. Desde Las proezas ocultas y ya con mayor oficio en Las maniobras ocultas, Anisilma abducida por extraterrestres, poseedora de un alto sentido ético, se transforma en Any, una superdotada con poderes de transformación de masa y energía, con impulsos organizacionales y liderazgo intelectual y espiritual. Se ensarta en una serie de aventuras en las cuales o transforma o se enfrenta a diferentes personajes interesantes, desde jefes de oficinas hasta científicos y cocineros y especialistas en modas. Se encuentra también con la burocracia robótica que deja los procesos a medias y a las personas “incompletas” para la adaptación tecnológica. Una prosa tersa, ágil y bien cuidada corresponden con la extensa experiencia de una supervisora editorial como Mary Acosta. Ofrece una lectura amena y fluida, jocosa, con situaciones absurdas o de lógica invertida, otras muy de sentido común, risibles, pero de resultado interesante y aleccionador. Además de las posibilidades de avances científicos y novedades técnicas que plantea -desplazamientos aeronáuticos, trajes experimentales, adaptación alimentaria-, he aquí una narrativa salpicada de misterio, romance, aventuras. Cabe destacar la sicología de las amigas, enemigas o seguidores, admiradores y antagonistas de la protagonista, que se percibe a través de un atinado intercambio dialógico con timbre mexicano culto y capacidad verbal para la confrontación y la solución de problemas. Así que la antes invisible socialmente, secretaria -por no decir sumisa-, desarrolla su imaginación prospectiva y aprovecha el empoderamiento que obtiene después de cada enfrentamiento extra-terrestre para convertirse en una lideresa espiritual e intelectual, atractiva y fuerte; un ejemplo a seguir. En los últimos párrafos de esta gesta femenina, se nota el cambio, la liberación, el engrandecimiento:

Any se volvió experta en las diferentes ramas de la medicina. Con sus conocimientos auxiliaba a enfermos incurables y lograba sanar a muchos desahuciados. / Any y Hopkins disfrutaron plenamente su amistad, su compañía y su amor. Se dieron libertades nunca imaginadas con la tecnología que poseían: viajaban por todo el mundo, con sus habilidades manipulaban a la gente, la hacían escarmentar para que se dieran cuenta de sus errores. Y en ocasiones aplicaban la justicia por su cuenta. Arreglaban y descomponían el mundo. Intervenían en las comunidades pobres y marginadas ayudándolas en lo más que podían para que vivieran con dignidad. (Acosta, 2007: 260)

Si el mejor atractivo de Mary estriba en el trato sencillo a personajes complejos que han de restablecer el orden del Bien y el poder de las mujeres, en el caso de Martha Camacho, la fuerza radica en el enfoque científico y el conocimiento avanzado sobre las aspiraciones eternas a traspasar los límites de la humanidad. En “Cybergolem”, el mejor alumno de la doctora Edith, cirujana experta en robótica, que “diseñó los chips electroquímicos que controlaban media docena de desórdenes cerebrales y psiquiátricos”, galardonada con el Nobel de Medicina en 2250, admira la cirugía cerebral en alguien que ha solicitado “un ajuste mental”.

…llegar hasta este lugar, por el sólo privilegio de verla operar. Podía suturar y anudar con una sola mano mientras conversaba conmigo, atendía el nivel de oxígeno en la sangre, daba un par de órdenes a Botines, y obligaba a sus micrótomos láser a seguir avanzando, haciendo una ruta enorme y microscópica para llegar al tallo cerebral humano (Camacho, 2012: 85).

Edith -“gruñona, autoritaria, sola, imbatible”- y su médico robot o medibot, Botines, instalan un microchip de tipo “Golem”, nombre de aquella criatura mítica de la tradición judía. De la antigua leyenda semítica sobre una figura de barro que adquiere vida, es el ser artificial al que una figura histórica, el rabí Maharal de Praga (1513-1609) creó mágicamente, para proteger a los judíos falsamente acusados -siglos XIII a XVI- de matar niños cristianos para amasar pan –matzah- con su sangre. Por la mítica fuerza física del Golem –cabe notar que el DRAE desconoce el término y que lo políticamente correcto sería incluirlo- la comunidad que escribe Ciencia Ficción adoptó el nombre y la leyenda -anterior a Frankenstein– para designar a un autómata, un robot. En el cuento de Martha, Edith, la cirujana que acaso sea marciana y haya vivido más de 80 años, explica para qué:

… estos dendriones (cables diminutos con la quinta parte del espesor de un cabello) son conectados como extensiones de la capa neuronal superior de la corteza, de manera que dejamos que las funciones superiores se mantengan por sí mismas; el chip controla el cerebro inferior, hipotálamo y tallo cerebral, el cerebro reptiliano y, progresivamente, lo va domando con nuestro maravilloso mecanismo de aprendizaje, haciendo de la terrible maldad humana, de la agresividad, de la territorialidad, del salvajismo, armas lógicas de civilización… (Camacho, 2012: 92)

Áaron, entre sorprendido e intrigado atestigua el proceso: acaba por darse cuenta de que él mismo porta el chip y confiesa que no sabe si es o no, un clon, un cybergolem. Quien lo lea encontrará la respuesta.

Gabriel Trujillo inscribe la obra de Martha, matemática, primer premio en el Concurso Nacional Efraín Huerta (1988), Flores Nocturnas, en Azimov Ciencia-Ficcion, en los registros del “Ajolote narrativo”, junto a sus coetáneos Francisco Tario, Juan José Arreola y Julio Torri, y los internacionales Asimov, Tolkine, Lovecraft, Calvino y Clarke. Aunque señala que para los y las jóvenes del tercer milenio, las fronteras genéricas -aquella antigua discusión de si la Ciencia Ficción es género o subgénero, si es menor, o alternativo o de la otredad literaria, publicaciones periféricas- no importan, lo que interesa es “una literatura a secas, donde lo real y lo irreal se corresponden, son complementos de una verdad más auténtica y profunda” (Trujillo, 2001: 109). Martha Elisa Camacho Alcázar escribe ciencia ficción dura, desde la ciencias duras -en oposición a las blandas, como la sociología o la antropología-, que raya en Cyberpunk. Trujillo coloca la obra de Martha junto a la de Joselo Rangel, Salomón Bazbaz, Aldo Alba y Patricia Laurent Killik, Janitzio Villamar y Libia Brenda Castro.

Cuando Jorge Cubria -asiduo colaborador de la revista Asimov– elaboraba el corpus literario para su Ginecoides. Las hembras de los androides, incluyó “El caballero de la noche”, de Blanca Mart, y “Algunos rasgos, solamente…” de Martha. Cubria aclara en un segundo subtítulo, la naturaleza de la selección: Cuentos de Ciencia Ficción y Fantasía por Mujeres Mexicanas. Se confiesa enamorado de estos cuentos, y por ello, dice que se los apropia, que son suyos. Rubrica con ello lo propuesto por la Teoría de la recepción que postula que la transmisión de la obra -su re-edición en espacio y tiempo diverso al original o primigenio- es evidencia de literaturiedad. Es la comunidad de lectores, la vida lectora de la obra, el significado compartido, con sentido para la comunidad, constituyen evidencia de validez literaria:

Los cuentos escogidos por mí en la presente antología afectivamente me los he apropiado, se los he puesto a mis alumnos en la universidad y los he leído hasta que se han integrado de forma permanente a mí. Siento que estoy publicando un libro de cuentos míos, y darlos a conocer me proporciona un placer similar al que tenemos cuando contamos un chiste; estamos transmitiendo a otros un bienestar de algo que nos ha proporcionado a nuestra vez el gusto de haber reído. Aunque el chiste no sea nuestro, lo sentimos como propio. De entre los miles de libros que existen en el mundo, el presente merece competir con el mejor. Los cuentos aquí incluidos son golosinas para el intelecto (Cubria, 2003).

Además de Blanca y Marta, las siguientes escritoras son las mejores cuentistas de ciencia ficción y fantasía según quien, además de escritor, es también editor y maestro de literatura: Lorena Hernández, Elisa Carlos, Olga Fresnillo, Silvia Castillejos Perales, Citlali Vázquez, María Luisa Erreguerena, Ana María Rock Esperón, Mercedes Sánchez Urritua, Rosa María Elzaurdia, Gabriela Rábago Palafox y Brenda Castro por su “Sueña otros sueños”.

La pregunta en el epígrafe que ilustra esta sección, es totalmente retórica. Brenda Castro cita a muchas mexicanas que escriben Ciencia Ficción. Es cierto que ahí donde halla Ciencia Ficción o fictociencia -morfología correcta, propuesta terminológica del filólogo Arrigo Cóen- se da también la fantasía. Eso sí, la marginación de lo femenino en el ambiente literario, no se da solamente en la Ciencia Ficción. Aunque ciertamente la autoexclusión no es lo propio de estas autoras, cuyas vidas, publicaciones e intereses se cruzan como diálogos entre pares. Brenda ha compartido su obra donde Blanca y Martha: las tres colaboran con otros y otras escritoras, participan en asociaciones gremiales, imparten cursos y talleres literarios y son invitadas aquí y allá a dar conferencias.

En “Burbuja de Humedad” (2002), Andrea vive en el ambiente tecnológico de los “edificios inteligentes”, con robots y entes holostáticos. Tras la muerte de la madre de un amigo-amante, reflexiona a disgusto con ella misma, sus padres y dos varones con quienes reparte sus amores: su asepsia emocional es casi robótica. Poco a poco su vida casi perfecta, casi vacía, ante el duelo, la va llevando a la depresión -malestar femenino. Acude al siquiatra familiar quien le diagnostica “una paranoia menor” y receta ansiolíticos y antidepresivos. Cuando descubra que está relacionada con otro universo, Andrea tendrá que aceptar sus emociones y se dispararán las dudas antes la condición de género. Dejará de pensar en si casarse o no; vivir sola o no; aceptar al hombre que la hace más feliz, pero que es un inútil para la vida de pareja “tradicional”; o unirse al “buen proveedor” que le proporcionará una vida cómoda. Otra voz emerge en el texto de pronto. Como en un mundo paralelo, aparece Ana, mujer de discurso delirante, obsesionada por la limpieza, por permanecer en una burbuja húmeda.

Ana recostada contra la pared fría, mirando un cuadro del mosaico. La han sacado de las paredes suaves, pero apenas importa, toda su vida transcurre entre dientes, navajas y mugre, por eso se resguarda. Son la siete de la noche, hora de cenar pequeñas piezas ovoides de colores. En las noches se encierra en la burbuja limpia y sueña con pájaros muy grandes, ruidosos, que vuelan sobre un campo amarillo, graznando canciones acerca de la suciedad y atacando un holograma que sisea y se descompone con cada picotazo. El holograma representa una cascada de agua limpia, ella tiene que llegar; si logra tocarlo quizá se limpie. Termina la noche y despierta, deseando una cascada azul. (Castro, 2006)

La narración avanza: la vida banal y la superficialidad de Andrea se contraponen a la angustiosa neurosis de Ana. La narradora omnisciente parece disfrutar el suspenso que ha creado. Se nos revela que Ana está loca y la mantienen aislada. Una lectura feminista diría que está en el manicomio, en “el encierro”, uno de los cautiverios de las mujeres, categoría de la antropología de género (Lagarde, 1993: 694). El mismo siquiatra atiende, prescribe, domina a las gemelas. Andrea ha olvidado a su hermana; comienza a intuir que su familia (madre, padre) y el doctor desean también internarla. Está casi cercada –“cautivada”, diría Lagarde—cuando se presenta una médica que descubre el abuso sexual del siquiatra contra Ana, y aniquila el deseo de encerrar a Andrea; mujer fuerte que libera a las gemelas. La lectura feminista descubre asuntos de género en los ambientes cibernéticos mediante los juegos espacio–temporales que la escritora crea: locura femenina, depresión, vida conyugal, abuso sexual, médicos misóginos, solidaridad entre mujeres.

Libia Brenda Castro –para distinguirla de Brenda Castro, Miss Costa Rica 2015– es bien conocida en el gremio literario y científico. Hace años que acompaña profesionalmente la Revista Digital Universitaria, revista.unam.mx, publicación digital oficial de una de las mejores universidades en el mundo, la única de habla española en el ranking de las 100 mejores. Esta mujer de letras, experta ciberespacial, que declara creer que Julio Cortázar es Dios, entrevista científicos y corrige el estilo a otros y otras intelectuales. Ocupa un lugar destacado en la organización del proyecto La imaginación en México, que congrega la narrativa de lo fantástico y la Ciencia Ficción, designadas como “literatura de imaginación”. Además del catálogo de escritores y escritoras, el proyecto realiza un “censo de obras de imaginación fantástica”; y definen:

No entendemos lo fantástico como un “género” (como la fantasía heroica a la J. R. R. Tolkien, por ejemplo) sino como un recurso narrativo, una serie de temas y argumentos y una actitud ante la representación de la realidad en la literatura. Así definida, la imaginación fantástica está presente en muchas obras de la literatura mexicana, tanto de las que se consideran parte del “canon” literario como de otras que se juzgan fuera de él. Desde Carlos Fuentes hasta Francisco Tario; desde Sor Juana Inés de la Cruz hasta Verónica Murguía, numerosos libros y numerosos escritores se han propuesto sondear los límites de nuestra idea de lo real y, en ocasiones, traspasarlos (Castro y Chimal, 2013)

Empezó a publicar en revistas independientes poco antes de cumplir veinte años, y obtuvo la beca del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (Puebla, 1999-2000). Aparece continuamente en la red y en papel, en fanzines, revistas y antologías, v.g. “De qué silencio vienes” en Así se acaba el mundo (Ediciones SM, 2012). Promueve “proyectos independientes”, como “Caleidoscopio” en Penumbria. Trasciende lo nacional y ha sido publicada en España y en Italia. Cree que Martha Camacho escribe “ciencia ficción dura” y le celebra que su hija pequeña haya publicado su primer cuento a los ocho años de edad. Como Blanca y muy cercana a ella y a otras mujeres, vive en el ambiente de la literatura de imaginación, como editora, organizadora o colaboradora en “festivales, revistas, recopilaciones, sitios web, publicaciones atípicas, conferencias, clases, talleres y libros”. Ostenta ser editora de libros “tradicionales” y editora de publicaciones digitales, y -muy revelador de la fuerza presencial- asegura que “escribe literatura poco realista”, aunque deja siempre, como en la historia de Andrea y Ana, lugar para la ambigüedad.

Entre las escritoras-lectoras de su comunidad, además de Blanca y Martha, lee, admira y promueve a Martha Riva Palacio Obón y a Gabriela Damián. Y entre los varones, a Rafael Villegas, Ricardo Bernal, Pepe Rojo, José Luis Zárate, Gerardo H. Porcayo y José Luis Ramírez. Todos y todas ellas han cruzado editoriales y letras con Blanca, Martha y Brenda. Dejo para otra investigación la fecundidad literaria en España de estas tres, y sus diálogos con, por ejemplo la misteriosa asesina Dama X y los entes ciborg de Flores de Metal, novela gótica y cyberpunk (Robles, 2007: 72).

En México, más mujeres escriben Ciencia Ficción desde la década de la contracultura. Para otras investigaciones queda estudiar a Marcela del Río y su Proceso a Faubritten (1972) o Cuentos arcaicos para el año 3000 (1974); o Manou Dornbierer y sus Después de Samarkanda o La grieta (1978). Olivia Rodríguez Lobato y María Elvira Ramírez; Brianda Domecq y Angelina Muñiz-Huberman también bordan cerca de las fronteras fantásticas y juegan con el espaciotiempo de personajas redivivas en épocas y lugares distintos. Cerca del Tercer Milenio, escriben Ciencia Ficción y Fantasía, Carmen Boullosa y Laura Esquivel, por ejemplo, con La ley del amor. Y después del año 2000, están Rosa María García Burrola y sus Dunas Radioactivas (2004) o Eve Gil con Virtus (2008). Más recientemente, Ana Clavel ilusiona con la eterna juventud y muchas otras crean universos paralelos y tiempos cíclicos. Gabriela Damián juega a ser inocente y con ello transita por los mundos y los tiempos con pluma decididamente femenina y profesionalismo envidiable. Cubria, en 2013, organizó ya un corpus muy actual donde además de Blanca, Martha y Brenda, celebra la escritura de Lorena Hernández, Elisa Carlos, Olga Fresnillo, Silvia Castillejos Perales, María Luisa Erreguerena, Ana María Rock Esperón, Mercedes Sánchez Urrutia, Rosa María Elzaurdia, Gabriela Rábago Palafox y Citlali Vázquez. La Ciencia Ficción crea comunidades cultas, letradas, ilustradas, nunca conservadoras, siempre de vanguardia. Hoy por hoy, ante la biotecnología, la aeronáutica, vaya, la partícula de Dios, ¿quién puede considerar ficción a la tele-transportación, a los archivos en el ciberespacio, a las mutaciones y prótesis biónicas? Cualquiera puede adquirir un robot para el trabajo doméstico. Escriben ficción prospectiva las mentes abiertas y bien informadas, con intereses más allá del presente o del pasado, audaces ante el futuro, aunque sea contingente.

Referencias bibliográficas

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Revista Internacional de Culturas & Literaturas, 2015. ISSN: 1885-3625