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Mujeres, espacio y poder

Mujeres, espacio y poder

REFLEXIONES SOBRE MUJER Y ESPACIO DESDE EL ESPACIO DE LA REFLEXIÓN CRÍTICA DE LAS MUJERES

La reflexión de la mujer en torno al espacio se detecta ya en los títulos de muchos de los trabajos punteros en la historia del feminismo. No en vano, títulos como A Room of One's Own de Virginia Woolf, In Search of Our Mothers' Gardens de Alice Walker, o The Madwoman in the Attic de Gilbert y Gubar, por citar tres ejemplos bien conocidos, nos incitan ya a detenernos en esta cuestión sobre la que nos han llamado la atención sus autoras.

En líneas generales, y sin restringirnos a cuestiones de espacio y género, el pensador Anthony Giddens, en Central Problems in Social Theory, Action, Structure and Contradiction in Social Analysis, ya había advertido de la pertinencia, para cualquier teoría social que se precie, de analizar y estudiar el espacio en relación con la conducta humana,

Most forms of social theory have failed to take seriously enough not only the temporality of social conduct but also its spatial attributes [...] Neither time nor space have been incorporated into the centre of social theory; rather, they are ordinarily treated more as ‘environments' in which social conduct is enacted [...] rather than as integral to its occurrence (201-10).

El espacio, por tanto, es reivindicado por Giddens como una categoría central e integral para el estudio de la conducta humana; el espacio en conjunción con el tiempo o la temporalidad.

En el caso concreto de las mujeres, el espacio adquiere una relevancia especial ya que se trata de una categoría que, ciertamente, ha determinado de forma muy especial su conducta y su ser social. Es más, ha sido muchas veces desde el espacio o los espacios que habitaron o a los que se les permitió el acceso, desde donde se han proyectado modelos de conducta y de identidad "típicamente" femeninos. Así, por poner dos ejemplos, "el ángel de la casa" o "la mujer loca en el ático" han tomado como punto de partida un espacio para asociar al mismo un modelo de feminidad positivo y negativo, respectivamente.

En las sociedades patriarcales -y hasta hace bien poco prácticamente todas las conocidas lo han sido-, a la mujer se la asociaba con y su presencia se restringía a la llamada esfera privada, concretamente a la esfera doméstica, a la casa y, dentro de ésta, especialmente, a ciertas habitaciones como la cocina, el dormitorio o la sala de estar. No podemos siquiera pensar en la casa en términos generales, pues la biblioteca, por ejemplo, se convertía en un lugar primordialmente masculino -no en vano muchos textos literarios aluden a las reuniones masculinas en la misma tras las comidas-; el ático, se convertía en un reducto reservado a aquellas que no se amoldaban a los esquemas y modelos prefijados, y había que encerrar; y los pasadizos, subterráneos y bodegas en espacios amenazadores para aquellas que se aventuraban en los mismos -como nos ha mostrado reiteradamente la literatura gótica.

Teniendo en cuenta estos espacios "femeninos," podría sorprendernos la reivindicación de Virginia Woolf cuando afirmaba que "a woman must have money and a room of her own if she is going to write." Si la mujer ya tenía unos espacios en la casa, por qué Woolf pide para la aspirante a artista una habitación propia. Probablemente, sea pertinente tener en cuenta que la mayoría de los llamados espacios femeninos como "la cocina" o "el dormitorio" no lo eran tal. La cocina, por ejemplo, era y sigue siendo un espacio reservado a la mujer en calidad de trabajadora pero que es continuamente invadido y "disfrutado" por el resto de los miembros de la familia; y el dormitorio era, en realidad, el lugar reservado para el descanso y el placer del hombre. Woolf está, probablemente, reivindicando para la mujer un espacio privado semejante, por ejemplo, al despacho, tradicionalmente masculino, en el que la mujer pueda desarrollar su actividad creativa, libremente y alejada de las constantes molestias e interferencias de los restantes miembros de la casa.

Todas estas reflexiones podrían parecernos que hoy en día ya no tienen cabida, aunque la historia cotidiana de muchas mujeres demuestre lo contrario. Por ejemplo, es cierto que cada vez aparece más publicidad en los medios de comunicación en la que se muestra a mujeres en ámbitos de la esfera pública - calles, oficinas, centros sociales y culturales. Y también es verdad que muchos anuncios presentan a hombres en la cocina, o bañando a los niños, o adecentando el dormitorio. Sin embargo, el acceso de las mujeres a los espacios públicos no está exento de peligros para las mismas - la violencia y la discriminación, por ejemplo, les siguen acechando. Y en aquellos minutos publicitarios en los que se presenta a hombres en espacios tradicionalmente considerados "femeninos," se representa a unas figuras masculinas mayoritariamente ridiculizadas por su torpeza, su ignorancia o su sumisión - es decir, no se trata generalmente con naturalidad esta redistribución o desconstrucción de los espacios en términos de género.

Estas cuestiones sobre la relación entre los individuos y el espacio son especialmente pertinentes ya que, como ha reconocido Beatriz Colomina, "To be admitted is to be represented. And space is, after all, a form of representation". Se trata, por tanto, de analizar el grado de admisión a determinados espacios a la vez que la representación que tiene lugar del hombre o la mujer en dichos espacios.

El presente volumen pretende convertirse en un espacio para la reflexión. Hoy en día ya no es posible hablar de Espacio, sino de espacios, pues se pueden entender éstos de forma muy diversa. Existen espacios geográficos, del mismo modo que existe el espacio público y el privado, el rural y el urbano, el liberador y el opresor, el espacio simbólico, el espacio de la creación, el espacio de la comunicación, el de la información, el espacio real y el figurado, el espacio virtual y el espiritual, etc. Pero existe también un espacio tan genérico como fundamental que es el espacio de la reflexión y para la reflexión.

También el espacio de la reflexión había sido principalmente y tradicionalmente copado por los hombres. El siglo XX, sin embargo, ha sido "ocupado" de forma significativa por la reflexión feminista, o, mejor aún, de las mujeres.

Y fue Virginia Woolf quien, ya en el mencionado A Room of One's Own, explicitó los tres pasos que esa reflexión habría de dar. Woolf hablaba de la relación mujer-literatura, de la mujer y su espacio en la historia de la literatura, y mencionaba la pertinencia de analizar cómo era representada la mujer en la literatura, estudiar el tipo de ficción que la mujer había escrito, o la reflexión sobre la condición femenina.

Estas tres dimensiones, que Woolf aplica a la relación mujer-literatura, describen, en líneas generales el discurrir del pensamiento de la crítica feminista a lo largo del siglo XX. No en vano, en 1989, Elaine Showalter aseguraba en su artículo "A Criticism of Our Own," que la crítica feminista se había desarrollado en tres etapas sucesivas. La primera, que ella denomina "feminist critique" y que tiene lugar en los años setenta, tenía como objetivo fundamental el denunciar estereotipos misóginos y degradantes en textos escritos por autores varones como ilustran Kate Millett en su pionero Sexual Politics (1970), o Judith Fetterley en The Resisting Reader.

La segunda fase o "gynocritics" -que tiene lugar a mediados de los setenta- pretendía llevar a cabo una labor de arqueología literaria recuperando textos escritos por mujeres a lo largo de la historia que habían sido tradicionalmente ignorados por los críticos, con el fin de intentar establecer una tradición literaria propia que incidiese, por un lado, en géneros eminentemente femeninos como el diario, la autobiografía o la novela sentimental y, por otro lado, en la existencia de motivos e imágenes recurrentes. Aportaciones cruciales en esta segunda fase han sido estudios como A Literature of Their Own, British Women Novelists from Brontë to Lessing (1977) de la propia Showalter,1 Women's Fiction, A Guide to Novels by and about Women in America, 1820-1870 (1978) de Nina Baym o el ambicioso The Madwoman in the Attic, The Woman Writer and the Nineteenth-Century Literary Imagination (1979) de Susan Gubar y Sandra Gilbert.

La tercera fase, que Showalter llama "cultural criticism" y que florece en los años ochenta, es sin duda más compleja y valiosa, ya que plantea la elaboración de un discurso teórico propio que refleje la problemática relativa a cuestiones tan esenciales para la mujer como la relación existente entre lo natural y lo cultural o la experiencia de la maternidad. En esos años el feminismo anglosajón experimenta una enorme sacudida con la aportación de pensadoras francesas como Julia Kristeva, Hélène Cixous o Luce Irigaray. Sumamente influidas por conceptos del post-estructuralismo como el de "différance" de Derrida y, sobre todo, por "la fase imaginaria" de Jacques Lacan, estas autoras propugnan un feminismo más abstracto y menos empírico que preste atención a cuestiones como la formación del sujeto o la construcción del concepto de "lo femenino." Cixous llega a proponer desde una óptica lacaniana una "écriture féminine" transgresora que subvierta la lógica occidental, tal como ilustran no sólo textos de Marguerite Duras, sino también de autores varones como James Joyce. Aunque algunas de sus aportaciones poseen gran valor, el feminismo francés ha sido objeto de duras críticas por su tono excesivamente intelectual y elitista que ignora los problemas reales a los que han de enfrentarse diariamente millones de mujeres en todo el mundo.

De hecho, éste ha sido uno de los aspectos más controvertidos desde dentro de las propias filas del feminismo anglosajón, sobre todo en un país tan multicultural como Estados Unidos, donde desde un primer momento la nueva corriente crítica se centró de forma casi exclusiva en las experiencias de las mujeres blancas heterosexuales de clase media-alta, ignorando casi por completo otras formas de opresión simultáneas como las de raza, clase u orientación sexual. Michael Ryan y Julie Rivkin apuntan con acierto que "only by questioning the status of the subject of feminism -"woman"? does a feminist criticism avoid replicating the masculinist cultural error of taking the dominant for the universal" (527).

Por ello, al cabo de los años, el discurso feminista se ha ido enriqueciendo necesariamente conforme diversos grupos minoritarios también reivindicaban el derecho a hacer oír su voz. Sin duda, las primeras en denunciar los flagrantes silencios del feminismo dominante fueron críticas afroamericanas como Lillian Robinson, Barbara Smith o bell hooks, mientras que la novelista Alice Walker ha acuñado el término "womanism" para evitar usar uno tan tradicionalmente racialmente excluyente en su opinión como el de "feminism". Similares han sido las posturas adoptadas por Adrienne Rich desde la óptica lesbiana, Gayatri C. Spivak desde la postcolonial, Paula Jun Allen desde la nativo-americana o Trinh Min-ha desde la asiático-americana.

A las tres fases propuestas por Showalter se le podría añadir una cuarta, ya que desde finales de los años ochenta el feminismo ha establecido vínculos con corrientes afines como la crítica gay y la lesbiana, a raíz de lo cual surge una nueva disciplina de corte más amplio en la que tienen cabida todos los enfoques dedicados a explorar la identidad sexual y su desarrollo en el espacio social. Son los denominados "Gender Studies", que irrumpen con fuerza en la era del SIDA y que a principios de los noventa confluyen con una corriente más militante conocida como "Queer Theory". La nueva disciplina se mueve en un amplio ámbito de estudios en el que confluyen las ciencias humanas, sociales y culturales, y cuyo tema de discusión ya no es sólo la mujer, sino el papel de los géneros en la sociedad y la construcción de los binomios feminidad/masculinidad y heterosexualidad/homsexualidad. La corriente de los Estudios de Género es producto del desarrollo de las teorías post-estructuralistas en los años ochenta y es una de las más activas hoy en día.

El presente volumen incluye capítulos que pueden y deben considerarse representativos de cada uno de los anteriormente mencionados estadios que ha recorrido el pensamiento de las mujeres, y reúne trabajos que analizan la relación mujer espacio, incluyendo reflexiones sobre las posibilidades y dificultades con las que las mujeres se han encontrado para acceder a determinados espacios; estudios sobre las implicaciones sociales, culturales e ideológicas que se deducen de la representación de la mujer en determinados espacios; así como análisis de las reflexiones que las propias mujeres han llevado a cabo sobre su relación con el espacio en general, y con determinados espacios en particular.

José Manuel Estévez Saá
Universidad de Sevilla

Revista semestral del Grupo de Investigación de la Junta de Andalucía y de la Universidad de Sevilla ESCRITORAS Y ESCRITURAS
Plan andaluz de Investigación HUM 753 • Directora: Mercedes Arriaga Flórez