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El color de los incendios

El color de los incendios

Parecería vulgar decir que es un libro al rojo vivo, pero es la verdad: se trata de un poemario que es ardiente candela y que contiene versos de hoguera impetuosa que se yergue y se recrece una y otra vez:

Brasas en silencio se alzaron
sobre la vigilia más pura.

Juega el poeta con los símbolos del fuego y del agua, aunque ésta es agua que no pretende apagar nada sino que inunda y sacia:

Acude el río
a la llamada del amor
y se desborda.

Todo el libro está transido de un cierto hálito de huracán que se atempera en sí mismo por el poder de la palabra. Y al mismo tiempo, dentro de la madurez que destila su hondura, es un libro gozoso; nada hay en esta hoguera amorosa de drama y pena, ni siquiera de queja. Porque este incendio es un incendio creador y del que brota el verso como ascua viva, como ascua de luz. Y no es un pretexto ni una licencia poética a la antigua usanza, sino

...fuego que de ti surge,
a tu llamada acude
y sólo en tus dominios se pronuncia:
ser en quien se ama
crear, siempre crear...

Es como si el poeta estuviera urgido por el drástico mandato de Rubén Darío en el prólogo de "Prosas Profanas": Y la primera ley, creador, crear, bufe el eunuco... Se emplea con ardor en la creación, y a uno le parece adivinar en lo profundo de los versos los ecos y las sombras de S. Juan de la Cruz (¡Oh llama de amor viva, / que tiernamente hieres / de mi alma en el más profundo centro!) y aún de Pedro Salinas (¡Qué alegría, vivir / sintiéndose vivido!). Pero José Antonio tiene caudal propio y poema tras poema va derramando el torrente de su inspiración, los va iluminando con el color de su incendio de modo que todo el libro parece escrito en un prolongado impulso. Gira la inspirada pasión del poeta sobre sí misma una y otra vez, sin desgastarse; sólo se remansa para dar imágenes de sorprendente belleza, como en el poema que comienza con la cita de Alberti: Vino el que yo quería...

Leyendo el libro de José Antonio le vuelve a uno el ansia de abismarse más en la poesía y la nostalgia de los mundos que no se frecuentan por andar enredado en afanes distintos y seguramente prescindibles. La vuelta a la intimidad en que el lector recrea y hace suya la creación del poeta, en que canta con la voz del cantor, que para eso también compone el autor su obra.

Tiene el libro una segunda parte a la que titula "Rescoldos" y en la que se incluyen poemas más breves, como si fueran los restos siempre encendidos de su incendio, a los que va numerando como "Brasas"; y por ellas nos sigue enviando partes de la situación, dando claves y señales para acabar afirmando la plenitud de su amor y la confianza en su permanencia:

El resto de los días.
Esto es lo que le queda a la lumbre
acabada de hacer
junto al espacio más cercano.

Gracias al poeta y al amigo por esta obra poética, por el placer de vivirla, de sentirla y de disfrutarla. Confío en que el lector que se adentre en estos poemas alcance también a recrearlos como propios y que de este modo consiga el gozo de iluminarse con los colores de este incendio.

Domingo Prieto García

Revista semestral del Grupo de Investigación de la Junta de Andalucía y de la Universidad de Sevilla ESCRITORAS Y ESCRITURAS
Plan andaluz de Investigación HUM 753 • Directora: Mercedes Arriaga Flórez